martes, 24 de julio de 2012

CUANDO TU CUERPO YA NO ES EL QUE ERA


Hace un buen rato que quería escribir sobre o, quizás más bien, para la Fundación SenosAyuda. Lo que disparó mi interés, en primer lugar, fue el monólogo que la actriz Tania Sarabia ha presentado a lo largo del país, narrando con mucho humor su experiencia como mujer que luchó y superó un cáncer de mama. Tuve la oportunidad de verlo en un centro comercial de San Cristóbal, mi ciudad, y quedé gratamente impresionada por la solidaridad de esta actriz con todas aquellas mujeres que han padecido tan cruel enfermedad. En su monólogo, Tania cuenta fabulando su vida, que no es sólo la suya propia sino la de nosotras, las mujeres de su generación. Experiencias comunes como las tribulaciones de la infancia, las incomodidades de la adolescencia, los primeros amores, maridos y desamores, desfilan con desparpajo en su estilo campechano y franco, provocando la hilaridad de su público y desdramatizando, a su vez, la terrible circunstancia que es motivo y tema de su performance.

La otra razón que me movía a escribir fue el constatar que el cáncer de mama es una realidad nada lejana a mi entorno. La muerte de una vecina en sus tempranos cuarentas, la mutilación del seno de la madre de una de mis alumnas, la muerte de la recordada y admirable Mis Venezuela, Eva Ekval, en la plenitud de su belleza y juventud, me inquietaban. Inquietud mezclada con la incomodidad que me produjeron dos datos que el acto políticamente correcto de Tania no osó revelar: la fundación lleva una estadística que confirma que EL 60%  DE LAS MUJERES DIAGNOSTICADAS CON CÁNCER DE MAMA SON ABANDONADAS POR SUS PAREJAS. Terrible dato sólo superado por las parejas de LAS MUJERES QUE PADECEN CÁNCER DE ÚTERO, QUIENES SON ABANDONADAS POR EL 90% DE SUS PAREJAS; dato proporcionado por los médicos que acudieron al programa Responsabilidad Social, de Televen, conducido por la periodista Elvia Herrera hace unos meses atrás. ¿Comprueba esto lo que escribí sobre los hombres que no aman a las mujeres, en entrada anterior de este blog? Quizás…
Sin embargo, lo que mi escritura quiere compartir con  SenosAyuda en esta ocasión     son unos poemas de la escritora, poeta y artista plástica nacida en Argentina y ciudadana canadiense desde 1977, Nela Río. Los mismos llegaron a mis manos gracias a mi buena amiga la profesora Elena Palmero. Leí su interesante ensayo sobre Nela en la revista cubana Islas. En el mismo comentaba el poemario Cuerpo amado, en el que se tematiza la dramática experiencia de la mutilación del cuerpo femenino. De entrada me llamó la atención que tal experiencia pudiera alcanzar rango poético, que el comprobar con las manos que el cuerpo ya no es el mismo, porque ha pasado a  definirse por la ausencia, pudiera transmutarse en imagen lírica, como sucede en el poema El rumor del cristal:

Su cuerpo es tan liso que parece un espejo
la ausencia es tan sólo una larga cicatriz.
Las manos lamiendo la piel
de arriba a abajo,
de abajo a arriba,
cubren el pensamiento
con monotonía.
Los días vividos la rodean
como un bosque que durmiera al mediodía.
Recuerda la presencia
que hoy habita la ausencia
como un ojo abierto.
Los párpados con fondos enormes
rozan presagios sin pestañas.
De pronto su cuerpo tiene un mar adentro
y escala hasta la orilla.
Respirar es una mano
que enturbia
la limpidez de la ventana

El rumor del cristal es tan leve
como un cuarto vacío

La tragicidad de una realidad revelada por el espejo al que hay que atreverse a encarar, cueste lo que cueste, es lo que ella confronta con coraje en La infatigable realidad, una nueva vida que se reconstruye desde la pérdida:

El nuevo sentido
de un cuerpo carente
                                   de simetría
embriagado por la verdad que aterra
desciende lento
al fruto que delata el fuego.
Ella atisba la incesante realidad,
lo revertido en el origen.
En tardes vagabundas se había visto
reflejada en los espejos
que ardían quemando sombras
en los ojos obstinadamente cerrados.
En esa imagen al borde indeciso de la luz
construía su vida
como un espíritu encarnado
humeando deseos en la exacta furia del vacío.

El espacio se abría a bocanadas
disolviendo la obstinación mineral de los días.

Porque a pesar del vacío, ella continúa allí, luchando contra las sombras. Ella se habita, dice el poema, no se rinde a pesar de que a veces no se reconozca. El despojo esta ahí, sí, pero también aquella que siempre fue, rescatada por el recuerdo del amor:
Ella habitaba su cuerpo
tratando de encontrarse.
Era difícil de entender que sin estar toda entera
palpitaba la misma que ella conocía.
La ausencia, como una aromática presencia,
pies desnudos sobre el musgo,
silencio de agua sin cintura,
dejándole la forma de un grito arrebatado.
Su recuerdo dibuja el pezón
y la exacta comunicación con el centro.
Hay un vacío largo de silencio mudo.

Recuerda los besos

y el pecho hundido se levanta aunado a la luz.

Al final se sale a flote, la vida siempre retoña: Camino a la vida es un canto al renacer, al coraje, a la gratitud hacia el cuerpo que noblemente nos sostiene:

Vivo la vida
como si hubiera nacido
en la mitad de la vida.
Miro mi cuerpo y admiro
su valor.
Me habito con orgullo.
Adopto la ausencia de mi pecho
y lo amo como a un huérfano.
Su existencia quema sin arder.
Al apoyar la mano
algo se agita
un desorden, un revuelo de ansiedades,
y claramente mi nombre.

En la poesía de Nela Río las sombras dan siempre paso a la luz, el amor salva bajo cualquier circunstancia y a cualquier edad. La madurez dibuja un nuevo paisaje, quizá menos bello, pero todavía en plenitud. La vida tiene alas, dice, mientras la pasión siga en vela:
Hoy espero tu primera mirada.
¿Gota de cera sellando nuestros días?
Contemplo tu proximidad
en los escalones de la calle.
Abro la ventana cuando tú apareces
y descorro las cortinas:
no quiero que el velo pasajero
me desfigure con su delgadez.
Me quito el vestido dejando que la luz
ponga más  caminos en mi piel.
Sé que soy todas y una
cuando se espera
la primera mirada.
Te hallo a mi lado
cuando abres los ojos
como una historia conocida.
Deseo tu cuerpo contra el mío
digo
y la vida tiene alas.

Vaya desde aquí un saludo a las poetas cuya palabra salva y a las mujeres cuyo coraje ennoblece.


domingo, 8 de mayo de 2011

ENTRE POETISAS TE VEAS

El pasado 29 de abril celebramos en diferido el Día del Libro y del Idioma en nuestra Universidad de Los Andes. Nuestro Grupo de Investigación en Literatura Latinoamericana y del Caribe (GILAC) (ver http://gilac-ula.blogspot.com) participó bajo la advocación de Juana de Ibarborou, recordando su bello poema Elogio de la lengua castellana que transcribo a continuación:

Oh, lengua de los cantares!
¡Oh, lengua del romancero!
Te habló Teresa la mística.
Te habló el hombre que yo quiero.

En ti he arrullado a mi hijo
E hice mis cartas de novia.
Y en ti canta el pueblo mío
El amor, la fe, el hastío
El desengaño que agobia.

La lengua en que reza mi madre
Y en la que dije: ¡Te quiero!
Una noche americana
Millonaria de luceros.

La más rica, la más bella
La altanera, la bizarra,
La que acompaña mejor
Las quejas de la guitarra.

¡La que amó el manco glorioso
Y amó Mariano de Larra!

Lengua castellana mía,
Lengua de miel en el canto,
De viento recio en la ofensa,
De brisa suave en el llanto.

La de los gritos de guerra
Más osados y más grandes.
¡La que es cantar en España
Y vidalita en los Andes!

¡Lengua de toda mi raza,
Habla de plata y cristal,
Ardiente como una llama,
Viva cual un manantial!

.

Justamente por esos días me llegó un poema de Rosita Bastado Ruz, gracias a la gentileza de Idbelty Lugo, quien me lo envió para ser publicado especialmente en esta página. Rosita murió hace un año y este fue el último poema que escribió, 15 días antes de morir. Según palabras de Idbelty a ella “siempre le gustó que le dijeran “poetisa”. Nació en el oriente venezolano y, llegada a Valencia, dedicó su vida a la EDUCACIÓN. Licenciada en Educación, vinculada a la Poesía por antonomasia, por práctica escritural y por su divina bohemia. Cantó, bailó, madre absoluta y abuela instranferible. Fue la mejor amiga de sus amigos. Fue divina. Deja, luego de su partida, el 25 de Marzo 2010, un acopio inédito de versos donde se plasman su libertad y su independencia, como sentido primordial de vida”:

ANHELOS

Ha llegado el momento

esperando

la vida engalanada por los

ciclos en paradojas

igual que la sombra cubre

la noche en luna

así como peregrina en caminos

bordeados de rosas con espinas

como también transeúnte

en paraísos de mar y tierra

llantos en despedidas

alegrías de triunfo

he alcanzado una cima

entre los tantos eslabones

de escaleras muertas

revestí mis sueños de un

gran colorido

girando cual bailarina

en danzas de futuro incierto

en el hoy

estoy conmigo, pletórica de cantos

para susurrar a otros

embriagando con luces los senderos

para llevarlos conmigo

en mi vuelo de gaviota hacia la infinitud.

Rosa Bastardo Ruz.

Valencia, 11 Marzo de 2010.

Conmovedor poema lleno de fe en la vida, incluso al borde de su fin, que demuestra cómo la poesía nos hermana, nos conecta con hilos invisibles desde la revelación y el misterio de la palabra. Espinas y rosas tejen la urdimbre de una feminidad que se celebra con el decir que religa espíritus afines.

Pero como entre poetisas me encuentro no quiero dejar de citar a la querida amiga Idbelty Lugo, por su incuestionable vocación poética ejercida a diario en su entrañable Barinitas, donde reside y escribe también bajo la advocación de otra grande: Enriqueta Arvelo Larriva. He aquí dos poemas que me han gustado especialmente, extraídos de dos poemarios que demuestran su evolución como creadora:

VIII

Un andar desnuda

Un colocar palabras

a las fantasías

Un viajar por todos los silencios

que encuentro

Esperar la elevación

Ejecutar el salto

Estibar el Credo

Marchar con las Eras

Hacerme de hilos de Sol

Y delinear perfiles extraídos

gota a gota

rosas eternas

(De Espliegos (1997). Barinas: Ediciones de la revista ICAM. Gobernación de Barinas)

XXII

Asomándome

al jugo abierto

de la noche

a las granadas

de tu pecho

en la sustancia

llenando mi corazón

contigo

De El Almocárabe (Barinitas, 2003). Inédito.

Ambos poemas denotan el tránsito de la creadora hacia la condensación de la palabra, hacia la elocuencia de los blancos y el silencio, hacia una capacidad de síntesis que es reflexión, sugerencia y emoción, amor a la palabra, a todo lo que ésta designa y, por supuesto, a la rosa eterna, esta vez sin espinas.

Y para cerrar con este petit comité de poetisas, transcribo el poema homenaje que Enriqueta Arvelo Larriva le dedicó a Juana de Ibarborou, el cual es un hallazgo de la buena amiga y acuciosa investigadora de la vida de Enriqueta, Alicia Jiménez de Sánchez, quien lo encontró en el archivo de la poetisa uruguaya que reposa en la Universidad de Stanford:

Poema a Juana de Ibarborou

(Margen de unos poemas suyos)

¿Que se murió la boca que te sembró de besos?

La siembra no es perdida en tu carne de América.

Si tú fuiste la tierra de un fuerte amor copioso,

continuará tu humus su cálida tarea.

Naciste con la espada de destruir la muerte.

Y en mitad de la noche nadie sabe lo cierto.

Se alargará valiente tu musical impulso

y al hombre que quisiste aun rodearas el cuello.

Yo no sueño que hoy sigas a quien se ausentó dulce

a quien te diste inmensa; una adelfa en tu mano.

Más allá de la vida debe de estar su pecho

sobre tu pecho vivo de esplendoroso canto.

Perdona que yo llegue sin seda en las pisadas.

Perdona que no gima, Juana sin compañero;

que mi caballo olvide la gualdrapa de luto

y a tu clima me lleve su galope sin freno.

Millonaria de instantes, no te vayas de prisa.

El gamo perseguido correrá por tu aroma.

Yo tengo un solo instante para todo el poniente

y con él lo decoro hasta volverlo aurora.

Aquí te besó el hombre que te ha dejado lacia;

aquí, sobre tu árbol; aquí, bajo la lluvia.

No llames la honda barca, americana forma,

que no habrá soledad en tu sombra desnuda.

Mas si sola te sientes, disfrutadora ágil,

goza el cansancio henchido; esa rica fatiga

de tanta miel madura, de tanto espejo mutuo,

de tanto espeso lirio en la hervorosa cima.

Llena la tarde entera con tu verdad pulsada.

Las almas levan sed de oír el amor limpio,

arroyuelo que crece sin perder inocencia.

Como ayer, dale sangre a espiritual oído.

Barinitas-Venezuela- 1948

viernes, 24 de diciembre de 2010

MANUELITA SAENZ COMO PERSONAJE LITERARIO

Hace un buen rato que deseo escribir sobre Manuelita Sáenz como personaje literario, motivada en primer lugar, claro está, por la seducción que ejerce sobre mí su figura histórica de mujer audaz y rebelde. Otro acicate lo tuve al leer un artículo del profesor Alberto Rodríguez, muy rico en referencias sobre el tratamiento de Manuela en diversos géneros literarios (Leer en el caos, 2002. Caracas, UCAB, pp. 113-121). El tercer motivo es el más curioso: la “repatriación” de sus restos desde Paita por el actual gobierno bolivariano, cosa imposible porque los mismos desaparecieron en el anonimato de una muerte ocurrida en el confinamiento de su exilio peruano. Cuando oí que ocurriría tal cosa no salí de mi asombro hasta que me enteré de que era un traslado simbólico, que sólo se trataba de un puñado de tierra del puerto donde murió, a fin de hacer posible que se reuniera con su amado, el gran Bolívar, en el Panteón Nacional… Tal gesto de melodrama me dejó sin comentarios, en puntos suspensivos…o quizás en interrogantes: ¿Cuánto le costó al país ese performance? ¿Qué hubiera pensado o dicho la irreverente difunta si pudiera hacerlo hoy desde allá, desde los confines de la muerte? Más puntos suspensivos… Quizá me marcó un poco la caracterización que hizo Beatriz Valdés de Manuelita en la película de Diego Risquez, donde el carácter atrevido, desafiante y confrontador resalta junto a algo que no me gustó del todo, el que la pasión de la heroína pareciera ser más el hombre y menos el proyecto de libertad. Quizá fue una mala lectura que hice del film, no sé. Es por ello que lo de que sí reivindico del performance al que aludí arriba, es el que se exaltara que antes de su encuentro con Bolívar, ya Manuela era una activa partidaria de la causa independentista de la América Hispana.

Volviendo a lo que interesa, debo comentar que según Rodríguez más allá de la configuración romántica de la heroína como la “adorable loca” o la “Libertadora del Libertador”, como la designó Simón Bolívar, la figura histórica de Manuelita Sáenz ha devenido en mito. Tanto así que a Manuela se le ha representado de acuerdo a dos polaridades: entre el mito heroico y el mito erótico. Es decir, por un lado es una “figura legendaria del imaginario épico de la emancipación” y por el otro una “imagen de alcoba”. No hay duda de que ambas configuraciones la reducen en su significación. Tal dualidad la persiguió en vida, en el habla de sus contemporáneos, así como póstumamente en los escritos sobre su persona.

En los textos literarios o en las biografías de Simón Bolívar, se representará a Manuela como figura secundaria. Veamos cómo la presenta García Márquez en El general en su laberinto, según cita el profesor Rodríguez:

Era astuta, indómita, de una gracia irresistible, y tenía el sentido del poder y una tenacidad a toda prueba. Hablaba buen inglés, por su marido, y un francés primario pero comprensible, y tocaba el clavicordio con el estilo mojigato de las novicias. Su letra era enrevesada, su sintaxis intransitable, y se moría de risa de lo que ella misma llamaba horrores de ortografía. El general la nombró curadora de sus archivos para tenerla cerca, y esto les hizo fácil el amor a cualquier hora y en cualquier parte, entre el fragor de las fieras amazónicas que Manuela domesticaba con sus encantos.

Otra perspectiva alcanza su figura cuando es personaje central de diversos géneros como la novela y el teatro, así como su representación en poesía, menos frecuente. La insepulta de Paita, de Pablo Neruda, es uno de los poemas más conocidos dedicados a su figura, en los que el poeta le cantará: “Manuela, brasa y agua, columna que sostuvo/no una techumbre vaga sino una loca estrella”.

Aunque quizá el caso más curioso, por el escándalo que ocasionó, fue la novela erótica de Denzil Romero La esposa del Dr. Thorne, que en 1988 provocó reacciones airadas y pronunciamientos condenatorios hasta del congreso ecuatoriano, así como de sociedades bolivarianas de varios países latinoamericanos. Dicen que Denzil Romero fue retado a duelo por un miembro de estas sociedades por manchar la memoria de la heroína, ya que en su novela la representaba como una dama de costumbres sexuales licenciosas.

Es posible que esta fabulación de Romero la haya inspirado, o al menos tendría su antecedente, en las Memorias de Jean Baptiste Boussingault, aparecidas en francés entre 1892 y 1903 en París y traducidas parcialmente al castellano en 1940, uno de los primeros perfiles biográficos sobre Manuela. Según Boussingault ella era “trivial, coqueta, excéntrica, sensual, veleidosa, irreverente, pero valerosa y muy cambiante” Para este contemporáneo, Manuela era burlona, liviana y provocadora con los hombres, de conversación superficial, poco interesante, además de despreocupada en sus modales e irrespetuosa de protocolos o rituales religiosos. Dicen las malas lenguas que ella había rechazado sus pretensiones amorosas, he aquí la posible razón de una visión tan negativa sobre la dama en cuestión

Muy diferente es la semblanza que escribe el tradicionista peruano Ricardo Palma, quien la conoce en Paita en 1858, ya vieja y enferma. El la encontrará pobre pero vivaz, como una reina centrada en su trono, elocuente, de fuerte carácter y amena conversación, aunque renuente a hablar del Libertador, así como de los días de lucha por la independencia.

Quizá encontremos un mayor equilibrio en la configuración del personaje en novelas más recientes que ganan en verosimilitud al presentarnos a una Manuela heroica, audaz, muy libre para su tiempo, pero también con las debilidades de todo ser humano. La gloria eres tú (2001), de la argentina radicada en Bogotá, Silvia Miguens; Nuestras vidas son los ríos (2006), del colombiano, Jaime Manrique, y Manuela (2008), del ecuatoriano Luis Zúñiga, nos entregan a una Manuelita Sáenz más mujer y con ello más cercana, de carne y hueso, más plena de significaciones. Además, tales novelas demuestran el interés continental que tan destacado personaje de la historia ha despertado al paso del tiempo.

Silvia Miguens arma su novela a través de cortos capítulos sin título ni numeración en los que va intercalando la narración en tercera persona del acontecer histórico protagonizado por Bolívar y Manuela; junto a capítulos transcritos en cursiva en los que la voz de Manuela habla desde Paita; algún capítulo fechado a modo de diario, además de la inclusión de cartas verdaderas intercambiadas entre los inmortales amantes o entre Bolívar y San Martin, incluyendo hasta la famosa carta de Manuela a su marido en la que le echa en cara su amor por el Libertador. La intención no es otra que la de destacar el valor del documento histórico como garante de la verosimilitud de la novela. Sin embargo es para mí lo menos acertado de la obra, mucho pastiche, según mi gusto.

La novela de Manrique, profesor de la Universidad de Columbia, se distingue por haber sido escrita en inglés originalmente, o sea que llega a nosotros a través de traducción y edición de Alfaguara. Esto justificaría el que pudiéramos hablar de literatura latinoamericana en inglés, desde el momento que está escrita por un latino con tema sobre nuestros asuntos, historia e idiosincrasia. Nuestra vida son los ríos presenta a mi juicio una estructura más limpia. Dividida en cuatro libros, la narración fluye a tres voces: Manuela, Natán y Jonotás. Esto presta una acertada perspectiva polifónica, tres visiones diferentes de los personajes entre sí y sobre sí mismos.

Zúñiga, por su parte, escribe las memorias que una desolada y vieja Manuela redacta para espiar “desazones y antiguos rencores”. Se trata de XIII capítulos precedidos por el antiguo recurso de colocar frases breves que resumen su contenido, tal como lo hicieron en El Lazarillo de Tormes, Cervantes en El Quijote y hasta Teresa de la Parra en Ifigenia. Otro recurso en pos de la verosimilitud de nobles antecedentes: la novela termina con una breve nota de la criada, La Morito, quien deja testimonio, con los errores ortográficos de rigor, de que hace entrega al profesor de la escuela en Paita, antes de partir a Lima, de los manuscritos contentivos de las memorias de Manuela, los únicos que se pudieron salvar de entre los documentos que su patrona guardaba con celo y que fueron quemados por temor a la peste de la que murió.

Miguens y Manrique finalizan sus novelas dejando viva la voz de Manuela, su cuerpo muere, pero su voz sigue contando convertida en vuelo de colibrí o cóndor. Lo que demuestra que es cierto que los mitos no mueren, sólo se transforman como nos decía nuestro maestro Domingo Miliani en clase. Por eso, Manuela Sáenz siempre será una figura polémica, polisémica, infinita…

Y para enlazar con el desconcierto del que hablé al principio de esta nota, quiero cerrar transcribiendo parte del epígrafe con el que Silvia Miguens precede su novela, porque resuena misteriosamente y muy a propósito de lo que he sentido sobre este tema:

“…hasta el peligro de lo inverosímil, de la ira de lo inverosímil en nuestra época, en que hay que vivir y morir en realidad”. Dulce María Loynaz.

Manrique, Jaime (2007). Nuestras vidas son los ríos. Colombia: Alfaguara, pp.370.

Miguens, Silvia (2001). La gloria eres tú. Bogotá: Ediciones Aurora, 254.

Zúñiga, Luis. (2008). Manuela. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana, pp. 173.

martes, 9 de noviembre de 2010

SOBRE MUÑECAS DE LA MAFIA, CAPOS Y DEMAS PERVERSIDADES AFINES

Hace unas cuantas noches vi que una vez terminada mi telenovela favorita, El Clon, no tuve necesidad de poner la tele en “mudo” para esperar el noticiero de las 11.30, ya que en ese espacio se trasmitía otra de esas insoportables telenovelas colombianas llenas de narcos, malandros, violentas perversidades y mujeres siliconadas en la pechuga y el trasero (No tengo duda de que Colombia es la meca de los traseros de relleno. ¿Han visto esas bellas y jovencísimas actrices con esos traseros gigantes? Parecen avispas, ¡vaya por Dios!). Suspiré con alivio porque supuse que “El Capo” había terminado y que en su lugar habían puesto el noticiero de Televen desde las 11, acertadísima reprogramación, según mi juicio. No sé por qué trasmiten los noticieros tan tarde, cuando ya el sueño nos vence, para en su lugar llenarnos “el coconut” (palabra de Fernando Vallejo) de cuanta crueldad es posible que ocurra en la sociedad colombiana. ¿Será que nos quieren mantener lo más desinformados posible?

Viendo estas telenovelas Sin tetas no hay paraíso, El cartel de los sapos, Catalina, Las muñecas de la mafia, El Capo y Rosario Tijeras me preguntaba asombrada si los colombianos no estarán hartos de tanto malandraje campante y sonante en su sociedad, para que además tengan que verlos en la televisión convertidos supuestamente en antihéroes en las telenovelas. Y digo supuestamente porque opino que la supuesta moraleja dizque dejan tales seriados no es tal, estoy segura de que tienen el efecto boomerang. No me queda la menor duda de que muchos, sobre todo los más jóvenes, se identifican con el capo (un guapo actor) o con las bellísimas chicas de los “traquetos”, a pesar del castigo final. Los que defienden tales seriados por el supuesto efecto moralizante parecen olvidar el presentismo de la época, lo que llaman posmodernidad; el inmediatismo de muchos jóvenes, según el cual, si tengo poder, armas modernísimas, bellas nenas, cuerpos magníficos, joyas, trajes lujosos, mansiones fantásticas, etc. ¿Qué importa lo que pase después?

Sin embargo, la cosa no iba por donde creí, el morboso Capo no había terminado sino que, me entero por la prensa, Conatel había ordenado su suspensión, así como la de Rosario Tijeras. Tal medida se tomó en atención a una queja del Comité de usuarios de Radio y Televisión del estado Miranda, porque los contenidos de tales bodrios incitan a la violencia, al narcotráfico y a la prostitución. ¡Aplausos!!!! ¡Qué maravilla!!!! Mi respaldo absoluto. Sin embargo, las críticas no se dejaron esperar. El Nacional, por ejemplo, incluyó el pasado domingo una entrevista al autor de El Capo y de Sin tetas no hay paraíso, Gustavo Bolívar. Este censura la medida “infantil” diciendo que “cuando los pueblos son maduros entienden que las series son ficticias”. ¿Pueblos maduros? ¿De qué hablas, Gustavito? ¿Cuáles serán esos? ¿Colombia? ¿Venezuela? ¿Y la desidia, la corrupción, la debilidad de las instituciones, el embarazo adolescente, el soborno, coima o mordida, la negligencia del empleado público, el atentado constante contra el medio ambiente, los que lanzan la basura en la calle, la paternidad irresponsable, la infancia abandonada, la drogadicción y el sida en aumento, de dónde es? ¿De cuáles pueblos maduro hablas, mijito?

Y eso no es lo peor, sino que en la actualidad el prolífico escribidor trabaja en Los tres caínes, telenovela sobre el imperio paramilitar de los hermanos Castaño. ¡Vaya, qué suerte, de lo que nos hemos librado! Alegrémonos sobre todo porque el país se ahorrará unas divisas que ya no se emplearán en envenenarnos el alma. Por El Capo y Rosario Tijeras cada televisora pagó UN MILLÓN DE DÓLARES por derecho de trasmisión y patrocinio. DOS MILLONES DE DÓLARES empleados en embasurarnos el coconut. ¡DIOS, con lo escasos que están! Claro, ¿cómo no? Con razón a este señor Bolívar parece que su imaginación no da para otra cosa. Es que explotar el morbo de estos pueblos tan maduros es más rentable que las clásicas novelas de amor, que al menos nos permiten, sobre todo a las mujeres, vivir el esquivo amor, aunque sea vicariamente.

¿No se sentirá responsable este señor de que a Colombia se le vea como el país de los sicarios y el narcotráfico? (¿Habrá leído El desbarrancadero, la novela de Fernando Vallejo?) De que en todos los aeropuertos del mundo tan pronto oyen el acento colombiano o saben de su procedencia, se les aparte, delante de todos para revisarles las maletas o quitarles los zapatos, como he sido testigo? ¿Con esa imagen que se regodea mercatilistamente en ofrecer, cómo no sentirse en algún grado culpable? Sé que en Colombia hay un debate en contra de la glorificación de la maldad y la mitificación de delincuentes, y ¡cómo no!, deben estar intoxicados de ver tanto malandro en la realidad para que después se los representen galanes en la TV.

Otros dos argumentos en contra de la medida es la alta sintonía que tales telenovelas tenían (me hacen recordar la ironía de Lope de Vega: “el pueblo es necio, para agradarle hablémosle necio”) y que debe haber libertad para todo, que los padres eduquen a su hijos, que los controlen, que cultiven valores positivos. Nada más ingenuo, como si los padres lo tuvieran fácil en una sociedad como la que tenemos. Cómo se ve que los que dicen esto no tienen hijos… Ahora si hay que ser libres en todo, bueeeeno…Entonces que los pedófilos hagan lo que quieran, que en internet acosen a los niños/as y adolescentes como se les antoje, para eso está la libertad y los superpadres…. Jejejejeje.

Para finalizar este alegato a favor de la censura de las susodichas telenovelas (nunca creí que me vería cual Index revivido ), comento una noticia que leí en el mismo periódico y el mismo día al que he hecho referencia y que me parece tiene relación con lo que he expuesto: Desmantelan la banda de “Los Benyamisn” integrada por adolescentes de 17 años. Apresan a unos, ultiman a otros, pero lo que llama la atención no es eso, acostumbrados como ya estamos al horror del delito y la inseguridad, sino que los chicos “exhibían sus fotografías y videos cometiendo fechorías por internet”, ¿qué tal? ¿Tendrá que ver esto con las morbosas series colombianas o gringas que esos chicos veían por la tele?. ¿O la coincidencia es pura casualidad?

Hermanos colombianos, no se dejen, boicoteen esos bodrios, luchen por su salud mental y por una mejor imagen de su espléndido país.

sábado, 30 de octubre de 2010

BREVE APUNTE SOBRE HABANA EVA

Vi Habana Eva y me encantó. Fui al cine por pura casualidad con un amigo que suele menospreciar las películas hechas por mujeres, porque las considera malas y de interés sólo para mujeres. Aunque de entrada podría ser un mal pronóstico para la película, sus prejuiciosos comentarios me sirvieron de revulsivo que me permitió argumentar a favor de la misma (tal actitud me hace sospechar que no es él solo quien tiene esa postura frente a la cineastas mujeres, sino que son muchos los hombres que piensan lo mismo, pero se cuidan muy bien de decirlo en voz alta).

Debo confesar que fui a ver la película atraída por el prestigio de Fina Torres, de quien vi su nostálgica Oriana (1985) (no he tenido la oportunidad de ver su Mecánicas celestes (1995) y su Las mujeres arriba (2000)), y por el premio recibido como mejor película internacional en el Festival de Cine Latino de Nueva York. Sin embargo, también yo tenía mis prejuicios porque temía encontrarme con un tratamiento tópico de la “cuestión cubana”, a favor o en contra. Es decir, o con una propuesta que hablara de la reconciliación necesaria entre los cubanos de las dos orillas, como la pavosa canción de Ricardo Arjona, o con un “anticubanismo”, si vale el término, o anticastrismo a ultranza, sin equilibrio alguno y muchas veces injusto.

Así que me senté en mi butaca, después de no sé cuánto tiempo que no visitaba una sala de cine. Me he acostumbrado a verlo en mi plasma 42 pulgadas, en la tranquilidad de casita sin tener que aguantar al espectador medio venezolano que va al cine a conversar, a reír estúpidamente si los personajes dicen alguna grosería, como si no se oyeran en todas partes cotidianamente sin el menor reparo, o a dar patadas al respaldo de mi asiento cada vez que el/la de atrás descruza la pierna. Otra muestra del desinterés y el consecuente irrespeto de los venezolanos ante la existencia del otro. Y ¡ay! si te atreves a llamarle la atención a alguien por un abuso como el que menciono… La respuesta es un insulto, además de exponerte a que te falten el respeto doblemente, como si el abusador/a fuera el/la agredido/a…

Bueno…volviendo a Habana Eva, comento que ninguna de mis expectativas negativas fueron cumplidas. Vi una película divertida, que no soslayó la realidad cubana sin dramatizarla y sin por ello ser superficial, como dice una pésima crónica, muy mal escrita por cierto, del diario Aporrea. Eva (Prakriti Maduro) trabaja en una fábrica de ropa haciendo unos horrendos trajes de novia; se trata de unos modelos realizados en serie que no pueden ser modificados, como quiere Eva, quien es una creativa diseñadora de modas. No puede innovar con los recursos que posee porque la jefa del taller es una burócrata de mente cuadrada que no permite los cambios, su fanático celo ve toda nueva idea como un acto contrarrevolucionario. Se trata una vez más de ese leitmotiv del cine cubano, la burla de la burocracia, que ha dado espléndidas obras plenas de humor caribeño, como Plaff y Guantamera, entre otras.

Eva tiene un novio, Angel (el actor cubano Carlos Enrique Almirante), un chico bueno, muy enamorado, convencido revolucionario que construye una casita para casarse, con todos los esfuerzos del mundo, sin recurrir al mercado negro. Eva está cansada de esperar, añora poder hacer el amor en una cama, quisiera que Angel tuviera más ambición y claudicara un poco en función de lograr esas pequeñísimas cosas que cualquier ser humano debería tener. ¿Es materialista esto, amigo de Aporrea? De pronto aparece Jorge, el hijo adinerado de unos exiliados cubanos que abandonaron la isla cuando este tenía seis años. El se enamora de Eva, ella se resiste, pero al final sucumbe: he aquí el triángulo amoroso.

En medio de este triángulo está Teresa (la cubana Yuliet Cruz), el mejor personaje de la película. Ella aporta momentos memorables, con su humor y desparpajo; sólo me sobró la escena del baño, cuando se monta sobre la poceta, demostrando una ordinariez que no cuadra con el perfil del personaje desarrollado a lo largo de la película. Como también me sobró la escena de la seducción del funcionario por parte de Eva, con el fin de conseguir un permiso para montar un negocio. Es esta una escena secundaria que inexplicablemente se convierte en el poster de la película, como bien me hizo ver mi acompañante.

Teresa muere y se convierte en el fantasma que, como ángel tutelar, asiste y aconseja a Eva. ¿Por qué este elemento innecesario? Me pregunta mi amigo. Porque sólo con la inclusión de lo fantástico será posible el final feliz, el que Eva sea una triunfadora transitando los caminos del amor. No hay que olvidar que sus amigas, las compañeras de la fábrica de ropa, le han dicho que los finales felices sólo se dan en las telenovelas. Esto me hizo recordar La rosa púrpura del Cairo, cuando los personajes femeninos de la película que Cecilia (Mía Farrow) ve en el cine le aconsejan que se quede con el personaje de la película del que se ha enamorado y no con el actor real, porque es un hombre y los hombres, tratándose de amor… son inconstantes… para decirlo suave, sin ofender.

No hay un discurso militantemente feminista, no tiene por qué haberlo, pero no me parece una obra superficial por ello, como se dice en Aporrea. Sí es una película que destaca los personajes femeninos, como toda la filmografía de Fina Torres, y en ese sentido sí es feminista, pero hasta ahí. Me parece que trata los problemas de la sociedad cubana, sus carencias y contradicciones, sin dramatizar, exagerar o denunciar. Están ahí no se pueden soslayar, se tratan con humor, como lo viene haciendo el cine cubano desde hace mucho. También está el encanto decadente de la bella y deteriorada Habana, otro acierto de la película: su fotografía. Y en cuanto a esto me pregunta mi amigo, ¿pero es esta una película cubana o venezolana? Se refería, claro está, a los técnicos, todos cubanos. Lo mismo me decía una amiga de Oriana: “esa es una película francesa”. A esto no sé responder: cubana o venezolana; cubano-venezolana. No me importa: me encantó y punto.